Es una bonita historia para contar, le dijeron.
¿Bonita? Bonita es la imagen de las praderas cubiertas con
plantaciones de tulipanes en flor.
Bonito es el atardecer en una montaña
aislada donde la histeria de la ciudad sea sólo un mal recuerdo.
Bonito es el
canto de un pájaro, al ver a sus hijos romper el cascarón y pedirle alimento
por primera vez.
Y también, bonito fue el momento en el que pensé que estaría
aquí cuando llegara, que iba a poder sentirle cerca de mí, pero tan cerca que
iba a poder tocar su cuerpo y acercarlo al mío en un inmenso abrazo sin final.
Bonito fue ese instante fugaz, en el que mi cabeza contempló la posibilidad de
besarle por vez primera, con tanto amor, que ni siquiera el mundo podría
imaginar cuán grande era.
Bonito hubiese sido,
que pudiésemos estar juntos, en ese preciso instante, siendo sólo dos
amantes que se volvían a encontrar.
Y así fue que terminó de describir, la historia del sueño
que terminó justo cuando estaba por comenzar…
No hay comentarios:
Publicar un comentario