domingo, 1 de diciembre de 2013

Estrellas

En silencio, y alejado de su hogar, en una verde llanura solitaria, Pablo buscaba respuestas a sus problemas, pues sentía que en esa calma las soluciones no tardarían en llegar. Un par de horas después, se dio cuenta que tampoco podía pensar con claridad estando tan lejos de su lugar, lejos de su familia, de sus afectos, de su vida cotidiana. Desesperado, profirió un grito que no tardó en ahogar, pues la inmensidad de ese silencio que acababa de romper, lo abrumaba, y lo hacía sentir aún peor.
Vislumbró que una figura humana se acercaba. La oscuridad no lo dejó distinguir su rostro, pero sí lo dejó ver cómo lentamente avanzaba, al mismo tiempo que con una voz cálida le preguntaba cuál era el problema que tanto lo atormentaba.
Estupefacto ante esta aparición, sólo pensó en correr, pero sus piernas estaban congeladas, al igual que el resto de su cuerpo que se vio inundado de temor por este extraño que en medio de la noche se acercaba sin previo aviso.
 - ¿Cuál es el problema que te atormenta?, dijo con voz más firme, la sombra que acababa de aparecer.
 – Por empezar, que no sé quién eres, ni por qué estás aquí, respondió Pablo.
 – No ha sido mi intención asustarte, pues el motivo de mi visita es que pediste ayuda, respondió la sombra en un tono un poco más suave, buscando confianza en el receptor de su mensaje.
 – Pues sí que me has asustado, dijo Pablo, y –agregó- cómo pretendes que te confíe mis problemas si ni siquiera sé quién eres, ni de dónde vienes.
– Tienes razón, respondió. Mi nombre es Maximiliano, y estoy aquí para ayudarte a encontrar las respuestas que estás buscando, dijo al mismo tiempo que su brazo rodeaba la espalda de Pablo. Pudo sentir, cómo este último se sobresaltaba al sentir el contacto, pero tras ello sobrevino un momento de silencio y vuelta a la calma.
 – Verás –dijo Pablo- siento que mis acciones ya no son suficientes. Siento que hago cosas que terminan por no servir a nadie, que mi esfuerzo ya no vale la pena. Y –continuó- mis fuerzas cada vez son menos, estoy cansado de la vida, estoy cansado de no saber para qué estoy en este mundo.
El silencio tomó protagonismo nuevamente, y se adueñó de la oscuridad por un par de segundos, que a Pablo le parecieron una eternidad, hasta que finalmente Maximiliano se aclaró la garganta y dijo:
- Mira  el cielo y contempla su inmensidad. Mira la Luna, las estrellas y nubes. Pero fíjate bien en las estrellas. ¿Las ves brillar?, le preguntó súbitamente.
 – Sí, dijo Pablo, sin entender a qué venía esa pregunta.
– Ellas –comenzó Maximiliano- brillan permanentemente, pero,  ¿por qué lo hacen? ¿Para qué o para quién lo hacen? No lo sabemos, continuó, y tampoco estamos seguros si ellas lo sabrán, pero aun así, brillan con su máxima intensidad.  Como ves, el cielo está lleno de misterios, uno en cada estrella, y también, el suelo está lleno de misterios, uno en cada persona que lo habita, ¿para qué está aquí, cuál es su objetivo en este mundo? Para resolverlo, cada persona deberá vivir intensamente y realizar todo aquello que sienta que puede hacer. Y si sientes que tus acciones son en vano, levanta la mirada y mira el cielo, que en su inmensidad te mostrará aunque sea una estrella brillando, y también recuerda que esa estrella no sabe por qué ni por quién está brillando, pero nunca lo deja de hacer. Y cada vez que mires el cielo, observa, lo alto que puedes llegar...
Ya casi amanecía cuando Maximiliano terminó sus palabras, Pablo meditó en silencio unos segundos, y se volvió hacia donde se encontraba su nuevo consejero y alcanzó a decir:

- Muchas gra… Cuando se dio cuenta que Maximiliano ya no estaba ahí, y no había ningún rastro visible de él. Fue en ese momento, cuando levantó la cabeza al cielo y lo contempló, encontró una pequeña estrella brillante, la guardó para siempre en su memoria y tras unos minutos de silencio, se volvió hacia ella y le dijo: Muchas gracias Max…

Sueño

Soñé, soñé que te volvía a ver.
Soñé, que los pájaros caminaban sin poder volar.
Que la gente hablaba sin poderse escuchar.
Que el Sol alumbraba, sin poder iluminar.

¡Cuánto imposible en ese sueño! Me dijeron
Y ya no supe que contestar.
Tan sólo quisiera un corto y pequeño momento
En el que ese sueño se haga realidad.

No por los pájaros tristes en el suelo,
Ni por la gente sorda al andar,
Menos aún, por un Sol triste y opaco
Que ya este mundo no pudiese iluminar.

Tan solo quiero mi sueño vivo,
Porque tu imagen en él está.
Porque tu sonrisa todo lo llena,
Y en tus ojos encontré mi verdad.

Verdad, esa que muchos buscan,
Más no todos la saben encontrar,
Es simple cuando uno la sabe,
Pues no se trata más que de amar.

Amar, como en un cuento de hadas,
Para siempre y de verdad.
Amar, pues, como yo te amo,

Que hasta en un sueño, lo imposible puedes lograr.