Espacios que parecían llenos,
heridas que creía cerradas,
un mundo que creía bueno,
dolorosa soledad la que me amordazaba.
Soledad que me toma por asalto,
aún no encuentro el por qué,
toda una vida siendo cauto,
toda una vida que, hasta ahora, no encontré.
Soledad, no física,
sino la que en el alma se siente,
esa que siempre se critica
aquella de la que uno sí se arrepiente.
Y si estar solo no conduce a nada,
cual un callejón sin salida,
triste destino caminaba,
viejo sendero de la vida.
Sendero, bello y difícil,
que hasta el fin he de transitar,
con alegrías o tristezas,
más nunca los brazos he de bajar.
Y si de todo lo vivido,
sólo el recuerdo persistirá,
mis palabras no queden en el olvido,
pues sólo ellas me recordarán.
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